Te sientas en el sofá a ver Friends como si no hubiera un mañana, compulsivamente, porque sí. No sabes muy bien porqué pero hace meses que no tienes una buena charla con tu mejor amigo, que no te ríes con todo el alma, que te lloran los ojos con los focos de las discotecas y que todas las pelis te hacen llorar.
Pero te pones en pie, domingo por la tarde, con la firme convicción de salir a correr. Un Nate Fisher que corre para escapar de si mismo. Te vistes, te calzas, haces una lista de reproducción perfectamente adecuada para su fin, merecedora sin duda del Oscar a la mejor banda sonora. Y cuando estás a punto de salir por la puerta hace calor, y te sientes agotada, y no quieres otra cosa que sentarte en el sofá para atiborrarte de hidratos de carbono y seguir mirando Friends y sintiendo alegría por Monica y Chandler y pena y desprecio por ti misma.
Esta es la historia, y ésta es la banda sonora...